Magistral Eva la Yerbabuena
El arte es algo que se lleva en las venas cuando se nace. Probablemente, Eva Yerbabuena estaba ya predestinada antes de nacer a hacer disfrutar a todos del arte que lleva con ella. El jueves por la noche dejó bien claro en el Auditorio Maestro Padilla, que aparte de ser buena persona y ser un ejemplo de madre, es una artista de verdad. No hubo dudas desde el primer momento. Eva contagia las emociones al publico y el publico en silencio se deleite viendo sus movimientos, la elegancia sobre el tablao, el saber estar y sobre todo la perfecta sincronización de pies y manos. Sus paradas, sus poses son las de un genio del baile.
Es una artista que tiene un perfecto dominio sobre la técnica flamenca, aparte de tender ya de coreografías y escenografía. Y es que “A cuatro voces”, ese calido homenaje a cuatro genios de la poesía española, conjuga perfectamente el flamenco con la danza contemporánea fundidos de una manera muy sutil, sin estridencias, dando a cada vertiente su lugar. Letras escogidas de Vicente Aleixandre, Blas de Otero, Miguel Hernández y Federico García Lorca son revisitadas para ser trocadas en serranas, siguiriyas, fandangos, soleá, alegrías, tientos tangos y bulerías.
Eva lleva años sobre las tablas y domina mejor que nadie los tiempos. En todo el espectáculo se aprecia un cierto desgarro, aunque hay momentos especialmente bellos y que llegan al alma como es la salida de Yerbabuena a los acordes de Claro de Luna de Debussy. Pero los momentos estremecedores son el sonar de la siguiriya y Eva Yerbabuena sola en el escenario vestida de rojo. Ese braceo y esa cintura redoblada de la artista llegan a poner los pelos de punta. En las alegrías se ofrece baile clásico flamenco, realizado con mucho gusto.
Es una artista que tiene un perfecto dominio sobre la técnica flamenca, aparte de tender ya de coreografías y escenografía. Y es que “A cuatro voces”, ese calido homenaje a cuatro genios de la poesía española, conjuga perfectamente el flamenco con la danza contemporánea fundidos de una manera muy sutil, sin estridencias, dando a cada vertiente su lugar. Letras escogidas de Vicente Aleixandre, Blas de Otero, Miguel Hernández y Federico García Lorca son revisitadas para ser trocadas en serranas, siguiriyas, fandangos, soleá, alegrías, tientos tangos y bulerías.
Eva lleva años sobre las tablas y domina mejor que nadie los tiempos. En todo el espectáculo se aprecia un cierto desgarro, aunque hay momentos especialmente bellos y que llegan al alma como es la salida de Yerbabuena a los acordes de Claro de Luna de Debussy. Pero los momentos estremecedores son el sonar de la siguiriya y Eva Yerbabuena sola en el escenario vestida de rojo. Ese braceo y esa cintura redoblada de la artista llegan a poner los pelos de punta. En las alegrías se ofrece baile clásico flamenco, realizado con mucho gusto.

