sábado, 18 de febrero de 2006
El arte es algo que se lleva en las venas cuando se nace. Probablemente, Eva Yerbabuena estaba ya predestinada antes de nacer a hacer disfrutar a todos del arte que lleva con ella. El jueves por la noche dejó bien claro en el Auditorio Maestro Padilla, que aparte de ser buena persona y ser un ejemplo de madre, es una artista de verdad. No hubo dudas desde el primer momento. Eva contagia las emociones al publico y el publico en silencio se deleite viendo sus movimientos, la elegancia sobre el tablao, el saber estar y sobre todo la perfecta sincronización de pies y manos. Sus paradas, sus poses son las de un genio del baile.
Es una artista que tiene un perfecto dominio sobre la técnica flamenca, aparte de tender ya de coreografías y escenografía. Y es que “A cuatro voces”, ese calido homenaje a cuatro genios de la poesía española, conjuga perfectamente el flamenco con la danza contemporánea fundidos de una manera muy sutil, sin estridencias, dando a cada vertiente su lugar. Letras escogidas de Vicente Aleixandre, Blas de Otero, Miguel Hernández y Federico García Lorca son revisitadas para ser trocadas en serranas, siguiriyas, fandangos, soleá, alegrías, tientos tangos y bulerías.
Eva lleva años sobre las tablas y domina mejor que nadie los tiempos. En todo el espectáculo se aprecia un cierto desgarro, aunque hay momentos especialmente bellos y que llegan al alma como es la salida de Yerbabuena a los acordes de Claro de Luna de Debussy. Pero los momentos estremecedores son el sonar de la siguiriya y Eva Yerbabuena sola en el escenario vestida de rojo. Ese braceo y esa cintura redoblada de la artista llegan a poner los pelos de punta. En las alegrías se ofrece baile clásico flamenco, realizado con mucho gusto.
Publicado por Desconocido @ 19:56
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